Los Sheitans son criaturas ancestrales que emergieron de las profundidades de la Tierra. Su aspecto llevó a los primeros supervivientes a compararlos con demonios, pero no son seres sobrenaturales: son organismos vivos.
Poseen una fisiología radicalmente distinta a la de cualquier especie conocida. Sus cuerpos son extraordinariamente resistentes, cuentan con pocos puntos vitales vulnerables y presentan una capacidad de adaptación excepcional. Algunas variedades incluso han desarrollado mecanismos biológicos capaces de producir y expulsar sustancias inflamables.
Existen desde criaturas relativamente pequeñas que cazan en grupos hasta gigantes capaces de enfrentarse por sí solos a fuerzas militares enteras. Pueden adoptar formas humanoides, cuadrúpedas o voladoras, dependiendo de su linaje y del ambiente en el que se desarrollan.
Pero su característica más peligrosa quizá no sea su fuerza.
Es su capacidad para cambiar.
Las generaciones nacidas en la superficie comenzaron a desarrollar nuevas características físicas y conductuales, adaptándose progresivamente a un mundo que nunca les había pertenecido.
Los sheitans humanoides son los más numerosos. Los más grandes pueden alcanzar dos metros de estatura. Son bípedos y son altamente agresivos.
Los sheitans cuadrúpedos son un poco más robustos y lentos que los bípedos, pero igualmente agresivos y también muy numerosos. Están más protegidos de los ataques que los bípedos.
Exclusivos de la superficie, la alta capacidad adaptativa de los sheitans les permite adaptarse al territorio. Los sheitans más pequeños desarrollaron membranas que les permiten volar.
Los sheitans más pequeños se reúnen en hordas enormes que devastan pueblos y ciudades. En cuestión de horas pueden acabar con una ciudad completa.
Menos numerosos, los gigantes son enormes monstruos bípedos que son prácticamente invulnerables. La presencia de uno solo es suficiente para acabar con un ejército. Son las bestias más temibles.
Algunos sheitans tienen la capacidad de lanzar bolas de fuego de sus bocas. Para ello usan sus fluidos gástricos, altamente inflamables, los cuales, al pasar a través de unos huesos llamados claquetas, que vibran a alta velocidad para producir una chispa, encienden el fluido que regurgitan para luego expulsarlo. El fuego resultante es viscoso y capaz de arder por meses.
La criatura más colosal conocida entre los Sheitans. Con cerca de ochocientos metros de altura, su tamaño supera al de los edificios que encuentra a su paso. Su cuerpo está protegido por enormes placas y posee múltiples alas capaces de sostener su monstruosa anatomía durante el vuelo.
A diferencia de otros Sheitans voladores, el Dragón no es simplemente un depredador. Es una catástrofe viviente. Puede atravesar ciudades enteras y expulsar enormes masas de fuego capaces de devastar extensas áreas.
Mantener un organismo de semejante tamaño exige cantidades extraordinarias de energía, por lo que pasa largos periodos dormido.
Cuando despierta, no comienza una batalla. Comienza una extinción.
Los sheitans que devastaron a la humanidad son unos, pero bajo tierra quedan otros que son fisiológicamente diferentes, más aterradores en apariencia e incluso más agresivos que los que se encuentran caminando la tierra. Estos sheitans conservan las categorías de los anterores, pero se ven más temibles y son más violentos.
Los gigantes del subsuelo son criaturas adaptadas para vivir en entornos cavernosos y de baja visibilidad. Son más agresivos incluso que los de la superficie.
Un gigante especial encontrado en el subsuelo, diferente de cualquier otro. Por su apariencia, básicamente es el Diablo. Aunque no posee inteligencia diferente de otros sheitans, es más grande y resistente que cualquier otro.
Las primeras generaciones nacidas en la superficie comenzaron a diferenciarse de sus antepasados del subsuelo. Algunas desarrollaron pelaje, nuevas estructuras corporales y comportamientos más cercanos a los de los animales terrestres.
Ciertas variedades cuadrúpedas forman manadas, rastrean mediante el olfato, descansan juntas y protegen a sus crías. Aunque continúan siendo extremadamente peligrosas, su comportamiento resulta menos errático y más parecido al de un depredador.
Estos cambios demuestran que los Sheitans no son criaturas estáticas. Cada nueva generación puede estar mejor adaptada a la Tierra que la anterior.